Un total de 43 participantes de España e Italia, de colegios maristas y la Fundación Marcelino Champagnat (FMCh) culminan en el Hermitage su formación como Nuevos Educadores, compartiendo una experiencia de interioridad, fraternidad, identidad y misión
Nuevos Educadores, un camino hacia los orígenes
Desde distintos puntos de España e Italia, 43 personas peregrinaron hasta el Hermitage para vivir el colofón de la formación de Nuevos Educadores de Maristas Mediterránea. Junto a ellos participaron hermanos y laicos encargados de acompañar al grupo en una experiencia pilotada por el Equipo Provincial de Recursos Humanos.
El viaje fue mucho más que un desplazamiento. Supuso una invitación a volver a lo esencial, compartir vida, fortalecer el espíritu de familia y descubrir nuevamente qué significa educar hoy al estilo de María y de Marcelino Champagnat.
La oración abrió las distintas jornadas y ayudó a situar el camino desde la escucha y el agradecimiento. Los participantes revisaron sus propios orígenes a la luz de la vida de Marcelino y recorrieron lugares especialmente significativos como Le Palais-Montagne, Marlhes y Le Rosey, donde también compartieron la mesa con la comunidad.
Al llegar al ecuador de la experiencia, la casa del Hermitage acogió un momento de interioridad, silencio y reflexión. Fue una oportunidad para reconocer la huella de Marcelino en la historia personal y en la misión cotidiana de cada educador.
La peregrinación continuó hacia Fourvière, un lugar fundamental para la familia marista. Allí, en 1816, un grupo de jóvenes sacerdotes y seminaristas, entre los que se encontraba Marcelino Champagnat, expresó su compromiso de trabajar por el nacimiento de la Sociedad de María, poniendo aquel proyecto bajo la protección de la Buena Madre.
La última jornada estuvo marcada por los senderos. El grupo caminó desde Maisonnettes hasta La Valla y regresó después al Hermitage. En La Valla, tres palabras permitieron recoger lo vivido y mirar hacia el futuro: espiritualidad, fraternidad y misión. También hubo tiempo para compartir la mesa, conversar y celebrar los vínculos creados durante el peregrinaje.
De regreso al Hermitage, la oración en el cementerio, la celebración junto a las reliquias de san Marcelino y las cartas escritas antes del viaje ayudaron a reconocer el significado personal y comunitario de todo el proceso.
La última oración se convirtió así en una celebración de envío. Los Nuevos Educadores regresan a sus obras con el corazón agradecido, las raíces fortalecidas y el compromiso renovado de ser presencia cercana, sencilla y esperanzada.
Porque el camino termina, pero la misión continúa.

