
“Está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo?
¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?”
(1 Cor. 1, 19-20)
A los hermanos de la Provincia Marista Mediterránea
Queridos hermanos:
¡Ojalá seamos nosotros los más locos de los hombres! Porque, en el fondo, esta es la apuesta definitiva de la vida consagrada por la que hemos optado: la locura del Evangelio. Entregamos nuestra vida a un Dios que es locura y necedad a los ojos del mundo y hace tambalear todos los esquemas sobre los que el mundo se empeña en sustentarse. Como dice San Pablo, está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces… ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Hoy, día 2 de febrero, celebramos la jornada de la vida consagrada bajo el lema: “Vida consagrada: ¿para quién eres?” Es una pregunta oportuna y necesaria para actualizar nuestra propia identidad y huir de toda autorreferencialidad. Es una invitación a evitar una mirada obsesiva sobre nosotros mismos y volver nuestros ojos hacia los niños y jóvenes más vulnerables que llenan de sentido nuestras vidas.
Queridos hermanos, volvamos al centro. Volvamos a Cristo, al seguimiento de Jesús de Nazaret, al relato de la locura que perseguimos en búsqueda de la plenitud. La nuestra no es una locura cualquiera ni se trata de un simple desvarío o de una obsesión que persigue quimeras casi irreconocibles tras el desgaste de los siglos. ¡Nuestra locura es de nota! Surge de un enamoramiento en toda regla. Nos declaramos enamorados de Jesús y de su forma de entender la vida. Lo apostamos todo por el Evangelio, aunque nunca acabemos de comprenderlo.
Los locos que no dejan de soñar
En la novela “Las mocedades de Ulises”, de Álvaro Cunqueiro, el joven Ulises pregunta al tabernero sabio Poliades: ¿qué es lo que es mentira? Poliades hace girar el sombrero sobre sus manos y dice: “Quizás todo lo que no se sueña, príncipe”.
Lo más real que los religiosos ofrecemos a los hombres y mujeres de este tiempo son nuestros sueños de un mundo transformado por el Evangelio. Somos conscientes de nuestras debilidades y carencias. Vemos cómo disminuye nuestro número y aumenta nuestra media de edad en muchas partes del mundo. No llegamos ni de lejos a materializar nuestros sueños y, aun así, son lo más hermoso y lo más real que regalamos a los hombres. Recurrimos a ellos continuamente y volvemos a intentarlo una y mil veces, aferrados a la fe que mueve montañas. Son sueños recurrentes sellados en cada página de nuestra historia. Nos llenan de vida y, apenas sin darnos cuenta, van transformando todas las realidades humanas a las que nos acercamos. Por eso seguimos soñando.
Los locos de la tierra de en medio
Dice el código de derecho canónico que “el estado de vida religiosa no es ni clerical ni laical”. Me gusta esta falta de concreción, esta ubicación en ninguna parte. Me recuerda que somos nómadas, siempre en búsqueda de una tierra nueva y nunca en condiciones de decir “ya he llegado”. La propia esencia de nuestra vocación nos invita a recorrer un itinerario de búsqueda y crecimiento que dura toda la vida y cuya meta es llegar al Dios que nos amó primero.
Siguiendo esta misma reflexión, el hermano Michael Davide escribe en su libro “No perfectos, pero sí felices”, que los religiosos somos hombres y mujeres de la tierra de en medio. Nos sentimos cómodos en las fronteras y en todas partes estamos como en casa. Pero por eso mismo, porque estamos en la tierra de en medio, también en todas partes nos sentimos extranjeros. Como dice San Agustín, “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
La locura de los consejos evangélicos
Sin duda ninguna, los votos de pobreza, castidad y obediencia son una locura para el mundo. Algo incomprensible. Pero nosotros seguimos soñando, empeñados en comprender y vivir cada día con más profundidad estas “tres dimensiones fundamentales de la existencia de Jesús: sus relaciones, su libertad personal y su estilo de vida”. (RV.11)
La castidad nos llama a la exclusividad en el amor. Una exclusividad que no es excluyente, como no lo fue para Jesús, y que nos pide amar con ternura.
La pobreza que abrazamos se desliza a contrapelo sobre el manto postizo del consumo exagerado con el que se abriga y anestesia a gran parte de la sociedad actual. Nos invita a darlo todo y a practicar la justicia.
La obediencia nos enseña a caminar con humildad en la búsqueda de Dios y a cultivar una “disponibilidad itinerante, siempre preparados para ir donde la misión con los niños y jóvenes nos pudiera necesitar, sea en los ambientes más cercanos o en los confines más remotos”. (RV.15).
La fraternidad, una profecía para el mundo

“Tu vida consagrada – dice nuestra Regla de Vida en el número 5- está llamada a ser profecía de fraternidad para todos: revelar con tu vida que todos somos hijos del mismo Padre y, por lo tanto, hermanos.”
En una sociedad fragmentada y polarizada donde tantos se dedican a destruir y dividir, seamos nosotros los que construyen y unen, los locos más cuerdos que aún creen en la fraternidad como la única manera de contribuir a que nazca una nueva aurora en nuestro querido mundo
Los locos de la periferia

Todos hemos escuchado las noticias en torno al trágico accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) donde el domingo 18 de enero perdieron la vida 45 personas y muchas más resultaron heridas. Unos días después, el párroco de Adamuz se dirigía a sus fieles en la homilía y les pedía públicamente perdón. Hace diez años -dijo- cuando llegué a Adamuz me enfadé porque mucha gente celebraba las fiestas de la Virgen del Sol con gran algazara, pero después no venían a misa. Me pareció que el pueblo no era muy cristiano. Esta semana -añadió- me habéis puesto en mi sitio. Vosotros habéis estado donde hay que estar, al pie de la cruz, sin calcular, sin pensar si dolía o no, sin mirar si os juzgaban o agradecían, por puro amor. Eso, exactamente eso, es ser cristiano. Gracias -dijo el cura- por habérmelo enseñado.
Nuestra fe se hace creíble desde la curación de las heridas. La vida consagrada pierde su luz cuando se aleja de las periferias y de las cruces de nuestro mundo.
Hoy, hermanos, es un día para celebrar el encanto de nuestra vida y para reivindicar su actualidad. En este contexto comparto con todos vosotros la lista de nuestras comunidades maristas de animación del carisma del curso 2025/2026. Son fruto de nuestra historia. Han nacido del testimonio silencioso pero profundo de muchos hermanos que nos han precedido.
Queridos hermanos, es un pecado dedicarnos a la supervivencia. Tenemos que oponernos con todas nuestras fuerzas a convertir nuestra vida en objeto de museo o en tendencia de otra época. No perdamos nunca la poesía, la música, la fantasía, el encanto de nuestra vida. ¡Ojalá seamos nosotros los más locos de los hombres!
H. Aureliano García Manzanal
En Alicante, a 2 de febrero del 2026
